Nuevo Pacto

El Nuevo Pacto

Dios hizo un pacto con Israel, y prometió otro nuevo. Ese nuevo pacto se firmó con la sangre de Jesucristo, y en él puede entrar cualquiera.

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Un pacto es un compromiso que Dios establece con personas: Él promete, y señala cómo se vive dentro de esa promesa. Toda la Biblia se entiende mejor cuando se ve como la historia de esos pactos, y de cómo todos apuntaban al mismo lugar.

Dos pactos, un solo Dios

Lo que Dios hizo, y lo que prometió

Antiguo Pacto

Con Israel, en el Sinaí

Dios sacó a Israel de Egipto y estableció con esa nación un pacto: les dio Su ley, un sacerdocio, un tabernáculo y un sistema de sacrificios. No fue un error ni un plan fallido. La ley es santa, justa y buena, y cumplió exactamente lo que Dios quería: mostrar el pecado y enseñar, como un ayo, que hacía falta Alguien más. Lo que falló no fue el pacto ni Quien lo dio, sino el pueblo, que no permaneció en él.

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

Nuevo Pacto

Con todo el que cree, en Cristo

Dios mismo prometió por medio de los profetas que haría un pacto nuevo: ya no una ley escrita en piedra que hay que cumplir desde fuera, sino Su ley puesta en el corazón, el perdón definitivo de los pecados y Su Espíritu habitando en los suyos. Ese pacto lo inauguró Jesucristo, y no depende de la nación en que naciste.

Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

El centro

Jesucristo es el pacto

El nuevo pacto no es un conjunto de reglas mejores: es una Persona. Jesucristo es su mediador, su sacerdote y su sacrificio a la vez. Él lo dijo la noche antes de morir, levantando la copa, y por eso todo lo que creemos gira alrededor de Él y no de nosotros.

Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

Punto por punto

Qué cambió, y qué no

Cada línea lleva su referencia para que puedas comprobarla abriendo la Biblia. No nos creas a nosotros: léelo.

Mediador

Moisés, un siervo fiel en la casa de Dios.

Jesucristo, el Hijo, sobre Su propia casa.

Sacrificio

Sangre de animales, repetida cada año, que nunca podía quitar los pecados.

La sangre de Cristo, ofrecida una sola vez y para siempre.

Dónde está la ley

Escrita en tablas de piedra, fuera de la persona.

Escrita por el Espíritu en el corazón.

Sacerdocio

Hereditario y mortal: los sacerdotes morían y otros ocupaban su lugar.

Cristo permanece para siempre, y vive para interceder por nosotros.

Dónde habita Dios

En un templo levantado con manos, en un lugar concreto.

En Su pueblo: cada creyente es templo del Espíritu Santo.

Quiénes entran

Israel como nación, escogida por Dios entre los pueblos.

Toda persona que cree, de cualquier nación, sin distinción.

Cómo se entra

Por nacimiento en el pueblo, y por la señal de la circuncisión.

Por fe en Jesucristo, y naciendo de nuevo del Espíritu.

Duración

Temporal: sombra de lo que había de venir.

Eterno, sellado por la resurrección de Cristo.

Puede entrar cualquiera

No hay lista de espera ni requisitos previos

Esto es lo que más cuesta creer y lo que la Biblia repite con más insistencia: la puerta está abierta para todos, y el precio ya lo pagó otro.

  • Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

  • En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.

  • Ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

  • Al que a mí viene, no le echo fuera.

  • Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Una aclaración necesaria

El pacto se quebrantó, pero Dios no desechó a Israel

El antiguo pacto no falló por parte de Dios. No se cumplió porque el pueblo no permaneció en él: el propio Dios lo dice al anunciar el nuevo, y por eso hacía falta uno que no dependiera de la obediencia del hombre. Aun así, Él no desechó a Su pueblo. Los que fueron desgajados lo fueron por su incredulidad, y pueden ser injertados de nuevo si no permanecen en ella, porque el llamamiento de Dios es irrevocable. Los creyentes de otras naciones no sustituyen a Israel: son injertados en una raíz que no les pertenecía, y eso pide gratitud, nunca soberbia.

Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

¿Y cómo se entra?

Reconociendo que estás lejos y no puedes acercarte por ti mismo, creyendo que Jesucristo murió y resucitó por ti, y pidiéndole que te reciba. No hay fórmula: hay una Persona a la que acudir. Si quieres hablarlo con alguien, escríbenos.